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viernes, 12 de marzo de 2010

Dia 12. Riva del Garda (ITA) - Menton (FRA)

Nada más despertarnos nos damos cuenta que la salida del albergue, en el centro de Riva del Garda, está bloqueada pues en la plaza es día de mercado.

Cargados como vamos, avanzamos entre puestos de verdura y miel hasta salir "a campo abierto".


Nuestra primera parada es el Monte Brione, camino de Torbole. Subimos arriba del mismo, donde escondido a los turistas hay un gigantesco búnker. Desde el techo del mismo se tiene una de las mejores vistas del Lago de Garda, con Riva a un lado y Torbole, siempre lleno de velas, al otro.
Conocía este sitio de un viaje anterior y es absolutamente recomendable subir aquí arriba si se pasa por la zona.

Volvemos a Riva para tomar ya la dirección correcta, pero no lo hacemos por donde queríamos, pues la carretera que sube por el barranco del lado oeste del lago está ahora abierto solo para bicicletas. El resto tenemos que pasar por el túnel que nos lleva a Mezzolago directamente.

La carretera por aquí es igualmente entretenida y tras pasar por el pintoresco Lago di Legro cruzamos un estrecho desfiladero con varias paellas para llegar al siguiente lago, el de Idro.
De allí sentímos como se va acercando Brescia y con ella la parte más aburrida de todo el viaje, los 200kms de autopista hasta Alessandría. Soporífero.

Por suerte a partír de allí el paisaje deja de ser llano y se va entrando en un horizonte parecido a la Toscana. Pequeños pueblos, montes suaves y carreteras estrechas rodeadas de campos, hasta que poco a poco nos acercamos a la costa y pasamos la sierra del litoral, tras alguna escabechina típicamente motera en puertos como el Colle san Bernardo.

Anocheciendo hacemos los últimos kilometros por la romana Vía Aurelia a través de nombres míticos como San Remo o Ventimiglia.
Por último, cruzamos la frontera para dormir en Mentón.

Día 13. Menton (FRA) - Forlac (FRA)

El desayuno del albergue es una enorme decepción. No llega a la categoría de pienso. Por suerte, el cielo apunta a un día soleado con lo que nada nos afecta los ánimos.

Salimos de Menton costeando. Tras muy poquitos kms entramos en la locura de atascos que es el Principado de Mónaco. En este enclave vive muchísima gente en muy poco espacio. Los edificios son moles enormes con el mar delante y la montaña detrás. EL país está totalmente encajonado y muy, muy saturado de coches. Para amenizar el atasco siempre ayuda el que vayan pasando coches de los que se ven pocos (fuera de Mónaco, se entiende).

Lógicamente no hay tampoco demasiado espacio para aparcar. Allá donde paramos nos llaman la atención.
Optamos finalmente por recorrer el circuito de F1. Nos damos una vuelta entera y cuando íbamos a por la segunda nos para la policia. Según parece hay un tramo en que están prohibidas las motos...

Salímos de Montecarlo remontando por las reviradas carreteras de la zona, donde un desprendimiento nos obliga a pasar por Niza y perder un montón de tiempo.

Cuando conseguimos meternos de nuevo por carreteras comarcales empiezan unas horas de disfrute máximo. Realmente estamos al borde de una intoxicación severa de curvas. Fantástico!

Recorremos encantados los Alpes Marítimos. El sol nos ha acompañado, hemos tenido calor toda la mañana, pero en un momento aparecen unos nubarrones negros negrísimos y en cuestión de minutos baja mucho la temperatura y se pone a nevar bastante fuerte.

El ritmo al que cae la nieve es algo preocupante. Tiramos rápido para ver si podemos salir a zonas más bajas.
Dejamos atrás las montañas más escarpadas y tras subir un puerto comprobamos como las nubes se han quedado enganchadas en los picos. Miramos atrás con alivio. La tormenta se queda, nosotros seguimos hacia bajo un cielo más amable.

A partir de allí el horizonte es más llano y las carreteras más rectas, aunque conservan el encanto. Rodamos entre campos de lavanda.
Así empezamos el ascenso a otra de las metas del día, subir al Mont Ventoux. Este es un puerto mítico del Tour de Francia.

Al llegar al parking de la estación de esquí nos encontramos con la carretera cortada. Es un fastidio, pues estamos a 5 kms de la cima y para nada está justificado que no permitan el acceso. La carretera está despejada y en el campo no habrá más de unos pocos cms de nieve.
Así que bajamos hacia el pueblo, por el trazado del bosque donde se disputa una conocida subida en cuesta. Increible pensar en la velocidad que cojen los monoplazas subiendo el Mont Ventoux.

Un rato más tarde pasamos por Avignon, junto a sus murallas. Se hace tarde y preferímos seguir.
Anochece y los últimos kms, por la N106 entre Alès y Florac son una gozada. Es negra noche pero eso no quita que disfrutemos de las curvas como pocas veces.
En un pueblecillo cerca de Florac tenemos reservado hotel. Es un sitio muy tranquilo. Muy recomendable para personas tranquilas que quieran visitar el parque natural de las Cevennes.